Lucas decidió llegar en enero

Llegó después de la luna llena, dos semanas antes de la fecha prevista.

El mundo se paró un ratito el pasado jueves 25 de Enero a eso de las 23:46 horas, justo cuando me lo colocaron sobre el pecho nada más nacer. Lo apreté suavemente contra mi y le besé en la cabeza… “Hola mi amor, bienvenido”. En ese momento la hora de trabajo ya no dolían tanto, ya no había sitio ni para el miedo ni para el dolor, solo para él.

Una oleada de energía caliente se había formado en aquella sala, papá no me soltó nunca de la mano, nos tomaba unas fotos tratando de inmortalizar aquel momento mágico. Mientras, mi médico y enfermera continuaban… Sumergidos en el silencio que solo dio paso a la emoción con los que habían atendido mi parto, en sus caras se leía perfectamente una sonrisa de satisfacción, esa satisfacción de hacer lo que uno ama y defiende, de haberlo vuelto a hacer…

Desde el principio tuve claro que quería que Lucas llegase a su ritmo, y aunque acabé exhausta solo necesité diez minutos, los que él tardó en agarrarse a mi pecho y empezar a comer, para sentir que había merecido la pena. Mi marido le cogió en brazos entre lágrimas, le miré y volví a enamorarme de él, de nosotros una vez más…

Al día siguiente llegó mi familia y amigos, y entre rísas y lágrimas de emoción dieron la bienvenida al pequeño.

Es increíble la velocidad a la que todo vuelve a su sitio, qué sabio es el cuerpo. Lucas es pura paz, puedo pasarme horas y horas mirándolo mientras duerme acurrucadito sobre mi pecho, no para de sonreír en sueños, mientras come, mientras lucha por abrir poco a poco los ojos familiarizándose con la claridad, sin prisa… y claro… ahí me tienen que ver a mi con mi festival de hormonas post parto llorando.

Éstas tres semanas han sido de pasar bastante tiempo en casita, amoldándonos a la nueva situación con calma. Sé que ya nunca volveré a ser la misma, ahora me une un fuerte vínculo de por vida a esta personita que sé que ha venido a enseñarme tanto, a enfrentarme a mis miedos y mis sombras, a mostrarme una nueva expresión del amor, mi Pequeño Maestro.

 

Querido hijo

El mundo es un lugar maravilloso,

aunque habrá quienes intenten hacerte creer lo contrario.

Encontraras un planeta descompensado, maltratado y dividido,

pero un planeta donde a diario suceden milagros como el de nuestra propia existencia.

Donde, a pesar de todo, el sol sale cada mañana

inundándonos con esa luz ante la que se abren las flores.

Habrá quienes pretendan hacerte sentir un ser limitado,

quienes a través del miedo y un mal uso del poder, intentarán que caigas en el conformismo y la resignación

para que olvides así, el infinito potencial que cada uno de nosotros posee.

Todos, por derecho divino, merecemos lo mejor.

Todos tenemos la capacidad de crear la mejor realidad que podamos imaginar.

No olvides esto nunca.

No caigas en la desesperanza.

Encontraras gente librando sus propias batallas personales,

saliendo de ellas fortalecidos y victoriosos.

También habrá quienes no lo consigan o se rindan antes de tiempo.

En cualquier caso, nadie es mejor que nadie.

Sin juzgarnos, sin compararnos,

tratando siempre de ser compasivos,

cada uno de nosotros ha de trabajar constantemente en la evolución de su persona.

Verás gente cegada por el odio,

tan desconectada de su esencia

que se atreverán a privar a otros del mayor regalo que se nos ha dado,

el de la vida.

Encontraras también quienes dediquen la suya a cuidar, sanar

y mejorar la de los demás.

Hallaras gente bailando en medio de la tormenta,

sonriéndole a sus desdichas.

Agradeciendo cada gota de lluvia que cae del cielo, cada bocanada de aire que entra en sus pulmones,

cada estrella que brilla en el cielo.

Querido hijo;

Eres libre de ser lo que quieras ser,

pero no dejes que nada ni nadie quebrante la fe en ti mismo.

Que nada ni nadie cierre tu corazón al único Dios que todo lo puede, al mayor Amor.

Mientras siga saliendo el sol,

mientras se abran las flores,

y haya quien baile en medio de la tormenta,

el mundo seguirá siendo un lugar maravilloso.

Con amor

Mamá

Fotógrafos: Bylevi

ByLevi.ro

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¡Buenos días!

Extrañaba tanto actualizar mi blog y os confieso que no pensaba hacerlo hasta poco después de dar a luz…

He tenido que posponer algunos proyecto y colaboraciones y aprovechar este tiempo 100% en preparar todo para la llegada de Lucas. Si, así es como se llamará, lo teníamos claro desde el principio. El caso es que no he querido desaprovechar este tiempo y concluir mi carrera y estudiar y prepararme con algo más vinculado al Blog.

Ya os iré contando…

En estos días, he hecho un bonito ejercicio al recibir el 2018 con un poquito menos de peso, y no me refiero al ganado con los turrones, sino a un peso mayor que es el de las cosas que no decimos.

Muchas veces no encontramos el momento, el coraje o al fuerza para expresar lo que sentimos, otras simplemente lo evitamos por temor a que el otro se moleste o no nos comprenda, por miedo a ser criticados y rechazados, o tal vez pensemos que ya ha pasado demasiado tiempo y no tenga importancia o no merezca la pena “remover” el pasado.

He escrito algunas cartas, he viajado en el tiempo con los ojos cerrados reencontrándome con aquellos que ya no están cerca o no están fisicamente, abriendo el corazón, soltando, dejando ir…

Expresarse desde el amor, sana, libera y fortalece, y si no puede hacerse con una mirada honesta a los ojos, podemos hacerlo “secretamente” a través de una oración o una carta que nunca se envía, lo importante es localizar lo no dicho y exteriorizarlo.

Liberemos el corazón de esa carga tan pesada, no se me ocurre mejor regalo para uno mismo ni mejor manera de dar comienzo el nuevo año.

Gracias por seguir ahí

Con amor,

Daniela

Fotógrafo: Sergio Nieto

www.sergionieto.es

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¿Hay algo peor que la esperanza? La falta de ella. Nuestro corazón se alimenta de ilusiones, ilusiones que atraviesan nuestra piel como una corriente eléctrica recorriendo nuestro cuerpo. Activando la felicidad a lo largo de nuestra vida. Pero para que haya ilusiones debe haber desilusiones también. Desilusiones que nos rompen en mil pedazos, que nos dejan sin respirar, que hacen brotar lágrimas de nuestros ojos. Que hacen que dejemos de bailar, de mirar a la luna y de contar los días para que llegue algo especial. Dejamos de tener un objetivo fijo al que queremos llegar, dejamos de arriesgar. Para que duela un poquito menos, para que no nos sigan rompiendo. Para que los vendajes de nuestro corazón no den de sí y se rompan en la tormenta.

Porque hemos establecido en este mundo de ilusiones y desilusiones que la vida duele mucho cuando una ilusión se rompe y no es tan buena cuando esa ilusión cobra vida. Porque lo malo duele mucho más de lo que duele y lo bueno no sabe tan bien como sabe en realidad. Para ver el valor real de las cosas, debemos cambiar la perspectiva de nuestro mirar, ver el otro lado de la situación. Darle la vuelta. Porque en nuestras manos está el que vivamos atados al dolor de las desilusiones o al amor que desprenden las ilusiones. Nosotros tenemos pleno derecho a hacernos felices, a dejar de darle más importancia de la que merecen los problemas, a intensificar lo bueno de los logros. A cambiar un “no quiero que me hagan daño” a “ entregar mi corazón abierto. Lleno de sueños. Lleno de mí.

Alguna gente dice que vivir de esperanzas no es bueno, pero querido lector, la falta de ella es vivir con un corazón roto.

¡Os deseo una Feliz navidad!

Con amor,

Daniela

Chaqueta Oversize ZARA

Camiseta Ranglan chico PULL AND BEAR

Pijamas PRIMARK

Fotógrafa: Mapi Monteagudo

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Siempre nos quedará París’, recuerdo que lo dijiste cuando perdimos la noción del tiempo frente aquella Torre Eiffel cuando nos prometimos todos los sueños al pronunciar “ si quiero”después del crepes.

Siempre nos quedará París… o no. Quizás París ya está cansada de tantas promesa. Que tal vez ya no es París, ni Londres, ni Madrid. Que ya no necesito ciudades que me digan que ahí viviremos nuestro amor, y que para aventuras se necesita viajar… Y es que nadie habla ya de ‘casa’ como el lugar perfecto para creer en dos. Para creer en ti, en mí, en ambos y lo que hemos llegado a construir.

Si vas a venderme París como ciudad del amor, procura mostrármela entera, con grietas y sin ellas, callejera, artista, pintora en Montmartre, perdida en el Louvre, sonriente y con boina, comiendo croissants de mantequilla o crepes de chocolate, sintiéndose gitana o jorobada en Notre Dame, triste en la lluvia y muerta en Père-Lachaise. Muéstrame su cara más bonita y su cara menos bella. Muéstramela tal y como es, y yo decidiré si creerla. Si quererla

Pues, de eso trata el amor, ¿no? De aceptar por igual las virtudes y defectos, de valorar el tiempo que me das, aunque siempre menos del que yo querría, y de aprender que sin ti soy yo, pero contigo, soy más todavía.

Porque están los abrazos que me esperan. La calidez que me sana. Las risas que me hacen feliz. Donde no tengo caretas ni maquillaje. Sólo un moño mal hecho y mis camisetas anchas. Donde da igual si no me siento con la espalda recta. Si no quiero hablar. O si quiero hacerlo sin parar.

Me gusta sumar momentos contigo y sobre todo inviernos porque de esta manera son algo menos fríos.

Siempre nos quedará París…. o no. Siempre nos quedará nuestra casa.

Con amor,

Daniela

Peto pre-mamá vaquero H&M

Jersey cuello perkins PULL AND BEAR

Fotógrafa: Mapi Monteagudo

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