Siempre nos quedará París’, recuerdo que lo dijiste cuando perdimos la noción del tiempo frente aquella Torre Eiffel cuando nos prometimos todos los sueños al pronunciar “ si quiero”después del crepes.

Siempre nos quedará París… o no. Quizás París ya está cansada de tantas promesa. Que tal vez ya no es París, ni Londres, ni Madrid. Que ya no necesito ciudades que me digan que ahí viviremos nuestro amor, y que para aventuras se necesita viajar… Y es que nadie habla ya de ‘casa’ como el lugar perfecto para creer en dos. Para creer en ti, en mí, en ambos y lo que hemos llegado a construir.

Si vas a venderme París como ciudad del amor, procura mostrármela entera, con grietas y sin ellas, callejera, artista, pintora en Montmartre, perdida en el Louvre, sonriente y con boina, comiendo croissants de mantequilla o crepes de chocolate, sintiéndose gitana o jorobada en Notre Dame, triste en la lluvia y muerta en Père-Lachaise. Muéstrame su cara más bonita y su cara menos bella. Muéstramela tal y como es, y yo decidiré si creerla. Si quererla

Pues, de eso trata el amor, ¿no? De aceptar por igual las virtudes y defectos, de valorar el tiempo que me das, aunque siempre menos del que yo querría, y de aprender que sin ti soy yo, pero contigo, soy más todavía.

Porque están los abrazos que me esperan. La calidez que me sana. Las risas que me hacen feliz. Donde no tengo caretas ni maquillaje. Sólo un moño mal hecho y mis camisetas anchas. Donde da igual si no me siento con la espalda recta. Si no quiero hablar. O si quiero hacerlo sin parar.

Me gusta sumar momentos contigo y sobre todo inviernos porque de esta manera son algo menos fríos.

Siempre nos quedará París…. o no. Siempre nos quedará nuestra casa.

Con amor,

Daniela

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Fotógrafa: Mapi Monteagudo

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