¿Hay algo peor que la esperanza? La falta de ella. Nuestro corazón se alimenta de ilusiones, ilusiones que atraviesan nuestra piel como una corriente eléctrica recorriendo nuestro cuerpo. Activando la felicidad a lo largo de nuestra vida. Pero para que haya ilusiones debe haber desilusiones también. Desilusiones que nos rompen en mil pedazos, que nos dejan sin respirar, que hacen brotar lágrimas de nuestros ojos. Que hacen que dejemos de bailar, de mirar a la luna y de contar los días para que llegue algo especial. Dejamos de tener un objetivo fijo al que queremos llegar, dejamos de arriesgar. Para que duela un poquito menos, para que no nos sigan rompiendo. Para que los vendajes de nuestro corazón no den de sí y se rompan en la tormenta.

Porque hemos establecido en este mundo de ilusiones y desilusiones que la vida duele mucho cuando una ilusión se rompe y no es tan buena cuando esa ilusión cobra vida. Porque lo malo duele mucho más de lo que duele y lo bueno no sabe tan bien como sabe en realidad. Para ver el valor real de las cosas, debemos cambiar la perspectiva de nuestro mirar, ver el otro lado de la situación. Darle la vuelta. Porque en nuestras manos está el que vivamos atados al dolor de las desilusiones o al amor que desprenden las ilusiones. Nosotros tenemos pleno derecho a hacernos felices, a dejar de darle más importancia de la que merecen los problemas, a intensificar lo bueno de los logros. A cambiar un “no quiero que me hagan daño” a “ entregar mi corazón abierto. Lleno de sueños. Lleno de mí.

Alguna gente dice que vivir de esperanzas no es bueno, pero querido lector, la falta de ella es vivir con un corazón roto.

¡Os deseo una Feliz navidad!

Con amor,

Daniela

Chaqueta Oversize ZARA

Camiseta Ranglan chico PULL AND BEAR

Pijamas PRIMARK

Fotógrafa: Mapi Monteagudo

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