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 ¡Buenos días!Estoy de vuelta y nose vosotros pero yo tengo unas ganas tremendas de viajar. Recuerdo un viaje que hice, cuando pasé el control de pasaportes en el aeropuerto de Madrid, la chica amablemente me dijo que me habían seleccionado aleatoriamente para un control de seguridad exhaustivo. Mientras esperaba en la cola de la habitación pensaba “Con toda la gente que va en el vuelo y me tiene que tocar a mi…”, entonces sonreí para mis adentros porque justo esa semana alguien a quien quiero mucho y que no atravesaba un buen momento me hizo ese mismo comentario: “Con toda la gente que hay en el mundo, ¿porqué me tiene que pasar esto a mi?”, sólo que su problema era mucho más serio que tener que esperar diez minutos en una cola para que te abran el bolso y analicen cada una de las cosas que llevas dentro. Mis palabras hacia esa persona fueron: “piensa que hay gente en peor situación que tú, y que lucha cada día por seguir adelante con una sonrisa y con una actitud positiva”. Cuando nos viene un problema de los de verdad, nos damos cuenta de que las pequeñas preocupaciones diarias pierden total importancia. Tenemos esa fea manía de vivir creándonos problemas, y entonces cuando llega una enfermedad, cuando pierdes tu trabajo, tu casa o a un ser querido te das cuenta de que no poder comprarte ese bolso tan bonito no era en absoluto un problema.

La vida es una escuela y todo lo que nos sucede no son más que lecciones que nos traen un gran aprendizaje, a veces este llega a base de golpes duros, y cuando la vida te golpea de esa manera, en ese momento, es cuando tienes que elegir entre dos opciones: puedes levantarte y preguntarte ¿qué he aprendido de esto? volverte más fuerte y seguir adelante con tus cicatrices. O puedes quedarte en el suelo y lamentarte hasta el fin de tus días.
Mientras esperaba en la cola de embarque analicé a algunas de las personas con las que compartía vuelo, es algo que me encanta hacer mientras espero a que entren todos al avión, me gusta jugar a imaginar cómo serán sus vidas y cual es el motivo de ese viaje. Pensé entonces que la vida es como un vuelo, el destino tiene seleccionadas a una determinada serie de personas que te acompañarán en ese viaje, el apasionante viaje que es la vida. Una vez despegamos, comí algo y me acurruqué en el asiento con la intención de dormir un rato, cuando empezaba a quedarme totalmente dormida entramos en una zona de turbulencias y el avión comenzó a tambalearse. Nunca he tenido miedo a volar y estoy acostumbrada a este tipo de zarandeos pero hubo un momento en el que las sacudidas eran bastante fuertes y sentí miedo. “¿Qué pasa si no llego a mi destino?” “Con todos los aviones que vuelan en el mundo a diario, ¿porqué tendría que tocarme a mi?”. Muchas veces en la vida nos encontramos en ese estado de “quedarnos dormidos”, ese momento en el que todo parece estar en perfecta armonía y tus planes de vida no pueden tener mejor pinta, entonces llega una sacudida que te despierta bruscamente, alguna vez avisa con pequeñas turbulencias pero otras veces no lo hace.

No podemos decidir cómo será nuestra vida, pero si que actitud tomar ante ella.

Con amor Daniela

Fotógrafo: Sergio Nieto

www.sergionieto.es

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