Nos pasamos la vida eligiendo. Cada segundo tomamos decisiones. Escogemos si tomar el café solo o con leche, si contestar primero a ese Whatsapp o a ese correo, si ponernos sandalia plana o tacón. Elegimos cada pequeño detalle insignificante, pero también tomamos decisiones de las importantes. Cambiar de piso, dejar un trabajo, distanciarte de alguien, hacer esa llamada… Volver un paso atrás para coger impulso hacia delante.

Escogemos muchas cosas, pero no de quién nos enamoramos. Es así en cada persona, en cada cultura, en cada rincón del planeta Tierra. Y es que a día de hoy todavía no sabemos qué motiva el enamoramiento, por qué nos fijamos en unas personas y no en otras. Desconocemos de qué depende, pero lo que está claro es que para nada depende de nosotros.

Por eso, enamorarse de alguien bueno es lo mejor que puede pasarte. Digo bueno y quiero decir sano, cabal, generoso, seguro, feliz, optimista, luchador, espontáneo, trabajador y amable con los extraños. Digo bueno aunque sé que no todos los buenos son todo esto. Aunque sé que muchos de los buenos viven soterrados por sus propios traumas y ay de aquel o aquella que se enamore de sus paredes, pues vivirá -mientras dure ese amor- soterrado/a también.

Pero algunas personas tienen tenemos suerte. Porque, en estos tiempos de locos, hay que tener a la fortuna de tu lado para enamorarse perdidamente de alguien sano, cabal, generoso, seguro, feliz, optimista, luchador, espontáneo, trabajador y amable con los extraños. O quizás no sea cuestión de suerte, quizás solo sea cuestión de Bendición. Quizás haya un bote de mala suerte que al llegar al tope se convierte en buena suerte. Y pum. De repente toda la felicidad se te viene de golpe como el que se pasa media vida metiendo monedas en una máquina tragaperras hasta que un día toca premio.

No lo sé. Pero si tú eres de esas, si tienes la Bendición de haberte enamorado de alguien bueno, no olvides dar las gracias. Gracias porque ya no volverás a jurar en vano que no le llamarás (porque nunca habrá nada de malo en oír su voz). Gracias porque no volverás llorando a casa (si acaso, lágrimas de las buenas, de las de final de película con final feliz). Gracias porque vivirás tranquila siempre, y vivir tranquila es la máxima felicidad a la que cualquier ser humano debería aspirar. Gracias por seguir creyendo en mi de manera incondicional, gracias por tu creatividad sin límites, gracias por inspirarme y acercarme a Dios.

Si amas a alguien bueno ya lo sabes. No hay nada trabajoso en el amor, porque quererse es gratis y los problemas que no son excusas, solo sirven para uniros más. Ya lo sabes, que la chispa nunca se apaga si hay un par de almas dispuestas a hacerla brotar.

Gracias, porque sí, yo soy de esas. De las que ya no lloran, ya no quieren y no quieren al mismo tiempo (yo contigo quiero todo, todo el siemprenuestro). De las que se pasan el día con la sonrisa alumbrada por la corriente de un montón de besos-luz. De las que se mueren, da igual el tiempo que pase, con cada caricia, con cada abrazo, con cada mirada que la conecta a la vida.

Gracias, porque aunque ni yo elegí amarte ni tú amarme a mí, sé que hay algo, no sé el qué, que decidió que nuestra “mala suerte” colapsara al mismo tiempo. Y entonces nos puso uno delante del otro y nos tocaron todos los premios del mundo. Y así fue como tú y yo no nos elegimos aquel día. Y así fue como no pudimos evitar amarnos con todo el pasado, el presente y el futuro.

“Siempre tuya, siempre mío, siempre Nuestro.”

Con amor,

Daniela

Vestido de ASOS

Sandalias tacón doradas ZARA

Camisa H&M

Pantalón de H&M 

Fotógrafo: JAKE JAKAB

jakejakab.com

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